martes, 22 de mayo de 2007

Camilo, el tiempo y el espejo

En el devenir caótico del tiempo, decir que tal o cual momento es fundamental pude parecer una paradoja.
(sihaycaosnohayordensinohayordennohayjerarquíasyporlotantoningúnmomento puedesermásimportantequeotro)
Y sin embargo, el momento en que Camilo decide disparar la Bereta de cañón corto es un momento crucial aun no narrado.
Camilo está completamente mareado, no sabe, no recuerda que o quién lo puso así. De pronto se da cuenta de que está fente al espejo del baño de la casa que comparte con Esteban. Del grifo del lavatorio sale un hilo de agua, pero el desagüe está taqueado con los largos mechones de su pelo lacio y negro que por alguna razón que no recuerda decidió cortar. Se mira al espejo por segunda vez pero esta vez no es su cabeza a medio rapar lo que lo sorprende, si no el reflejo de la pistola cargada y sin seguro que está sobre la taza floja del inodoro.
Sus manos están mojadas y cuelgan de ellas varios jirones de pelo y con esas manos toma la pistola que por poco se le resbala. Cuando por fin la sujeta, siente que el espejo es una ventana, se mira fijamente a los ojos y se va de viaje al barrio de hace 15 años donde Sara y Esteban juegan quedó congelado mientras él los mira con celos desde la ventana de la sala donde cumple un castigo por el 50 que se sacó en mate.
Cuando su mente vuelve a al baño y a su presente rapado, Camilo está sosteniendo la pistola con las dos manos y apuntando directo a su propia frente en espejo.
Esteban toca a la puerta.
Sara, la niña, está congelada.
El disparo suena.
Camilo mira por la ventana.
El espejo se rompe.
Esteban descongela a Sara.
El tiempo se dobla.
Esteban cae.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

que buena esta su forma de escribir... mucho! que loco lo de escibir pegado! lo voy a copiar!

Laura dijo...

muy buena entrada. ¡100 puntos!