miércoles, 2 de mayo de 2007

Sabía que en la lectura del cuento estaba, quizá no una respuesta, pero sí un aliciente... y desanduvo las cuadras que acababa de caminar... sus zapatos rojos de tacón se hundían en los charcos de las aceras... corría... su paraguas ya no tenía ninguna función... estaba mojada. Cada gota que corría por su cuerpo le recordaba lo efímero que podía ser... todo. Estaba completamente mojada frente a la puerta de la biblioteca donde se leía con letras inquisidoras: CERRADO POR FALTA DE CLIENTES.
No lo pensó dos veces... Esteban se lo leería, y así, de sus labios ella podría escuchar las palabras que la ayudarían a tomar una decisión. Unos minutos más tarde el timbre de la puerta de la casa de Esteban y Camilo sonó discretamente...
Camilo se levantó a abrir...

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