sábado, 5 de mayo de 2007

El ritmo pausado de las gotas de agua contra el techo se mezcló con caricias y suspiros entrecortados. Paulatinamente, aquella llovizna que recorrió el lomo de los edificios dormidos, fue aumentando y el vacío de los callejones y aceras, se fue convirtiendo en humedal abocado a limpiar las impurezas del recuerdo. Se buscaron, como dos ausencias en lo oscuro mientras entregados al júbilo de la caída, se perdían el uno en el otro. Los tejados de los edificios no podían contener el líquido que se derramaba por paredes, ventanas, columnas y puertas. El estremecimiento que parecía afectar todos sus sentidos los invadió, y en un éxtasis frenético de temor y pasión, durante unos instantes que podrían abarcar todo el infinito, solo quedaron ellos y esa única soledad rozándoles la piel...

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