martes, 1 de mayo de 2007

¡Carlos? ¡Su fantasma siempre ahí estacionado en la ruta de su memoria! Lo había conocido en una exposición de arte hacía más de dos años. Sostenía en su mano derecha una copa de vino tinto. Miraba un grabado con expresión indiferente, como si no le interesara en lo más mínimo. Sara notó que este aire soberbio, pesado, arrogante se mantuvo durante toda la actividad.
Su curiosidad fue el imán que la atrajo hasta aquel hombre que a pesar de su actitud de aparente desinterés, se dio el lujo de pagar por una pieza que parecía no haberle importado.
El ruido aturdidor de un relámpago rompió con la monotonía del aguacero. Entonces Sara regresó a su disyuntiva, pensó poco y entró en el edificio...

No hay comentarios: