lunes, 2 de julio de 2007

2 de julio
¡Qué triste vacío el de un hotelucho capitalino! Despertar en otra cama, con una desconocida al lado, alguien a quien no le importaba más que le hubiese pagado. Se levantó silenciosamente y se vistió del mismo modo. Cuando llegó a su casa, vio su cama aún hecha. Y sintió que tampoco con esta tenía nada en común. Realmente nada de lo que lo rodeaba parecía llenarlo. Abrió las ventanas. "Esteban", "Sara", ¿quiénes eran esos? ¿Qué significaban esos nombres? Parecían el vago recuerdo de una mala película que hubiese visto en la infancia. Era hora de empezar otra vez. En otro sitio, en otro lugar, incluso con otro nombre. ¿Por qué no? Impulsado por un deseo incontrolable, Camilo empacó rápidamente su ropa y otros pocos objetos personales. Puso en una bolsa de basura todo aquello que no era indispensable. Arrojó la bolsa de basura a un estañón cercano. No quiso dejar ni un solo efecto suyo en aquel apartamento. Canceló sus últimas cuentas. Decidió no avisarle a nadie de su partida y mucho menos de su paradero. Aquella noche desconectó el teléfono. Apagó su celular. No quería saber de nadie. Casi no durmió aquella noche. Miraba las estrellas por la ventana abierta. No iba a morir. No iba a suicidarse. Simplemente, iba a ser otra persona. Utilizaría su segundo nombre, ese que siempre había odiado: José. Siempre le había parecido tan ñoño. Nunca había llenado un solo formulario con ese nombre, ni firmado ningún documento. Nunca lo había mencionado a nadie. Ni siquiera su madre lo había llamado jamás por él. Todo había sido el tonto capricho de una enfermera en la Carit. El suyo había sido un nacimiento traumático. Un parto difícil, porque había sobrepasado el tiempo de su nacimiento. Casi sin oxígeno, amoratado, Camilo había visto las primeras luces del mundo. La enfermera se había acercado a su madre y le había preguntado: "¿Qué nombre va a ponerle? " Esta, agotada y deprimida sólo había musitado: "Camilo". La enfermera, joven y entusiasta prosiguió: "¿No quiere ponerle otro nombre?" La madre de Camilo había respondido débilmente: "No sé, tal vez..." La enfermera la interrumpió: "¿Qué le parece 'José'? He oído que esa combinación es un nombre famoso..." La madre de Camilo, deseando deshacerse de aquella impertinente, solo contestó: "Como usted quiera..." Cuando logró dormir, soñó con un lejano país, donde todos los hombres eran esclavos de unos pocos amos con figura de gárgolas vestidas con ropa de diseñador. Él lideraba una rebelión; el pueblo lo seguía y casi alcanzaba la torre en que las gárgolas gobernaban a los humanos, cuando el timbre del despertador dejó oír su impertinente sonido.
Al día siguientem muy temprano, compró tiquete rumbo a una ciudad lejana de la Zona Norte. El viaje fue agradable. Las cortinas lo ocultaban un poco a la vista de los curiosos que no pueden dejar de mirar a los pasajeros de todo autobús. Había comprado una gorra, unas mudas de ropa en la tienda de ropa americana y unos lentes nuevos que llevaba puestos, para escapar sin ser reconocido. Llevaba un suéter nuevo. Había vendido su ropa vieja y sus libros. Unas horas después, caminaba por la acera de aquella ciudad, sintiendo el intenso calor del lugar. Unos lugareños lo miraban muertos de risa: entonces se percató de que no se había quitado el suéter. Pero quería ir más lejos. La ciudad era conocida y muy visitada por su folclor; vio a unos turistas que abordaban un autobús de excursión hacia un pueblo remoto. Preguntó cómo podía ir hacia ese pueblo. Sin pensarlo dos veces, compró otro tiquete. Su autobús seguía el de los turistas. Llegó a media noche al pueblo. Había un hospedaje barato, obviamente no podía pagar el hotel de los turistas. Se dejó caer sobre la cama sin desvestirse y se durmió con un sueño sin pesadillas ni ilusiones. Al día siguiente, preguntó por un supermercado o abastecedor. Le dijeron que había un Palí cerca. Compró algo de pan y notó que había un aviso: necesitaban un cajero. Solicitó el trabajo. No era la gran cosa, pero ahora era un hombre nuevo.

Compay Segundo - Chan Chan

Pues, no es ni caribeño ni dominicano, pero igual le ponemos saborcito al blog.

¡Suerte a Camilo y a su mulata! ¡Buen viaje! ¡Buen provecho!