El día que Camilo compró la pistola no soplaba ni un poco de viento. Al salir de la armería con su Beretta semiautomática nueva y la caja con 24 balas, por un breve momento tuvo la sensación de que el tiempo se había detenido: era como si se hubiese abierto un hueco en el almanaque.
Sintió que estaba en un extraño espacio cónico, como si un haz de luz cenital lo siguiera y lo alumbrara solo a él, descubriendo a su alrededor un lugar innoto y absolutamente desconocido para los relojeros, un espacio donde no había nada, un vacío que le provocaba hormigueo en su espinazo y le provocaba náuseas, al extremo de tener que contener un par de arcadas. A su alrededor estaba la ciudad, caótica, bochornosa y latinoamericana, pero el ojo de la tormenta se desplazaba al ritmo en que Camilo movía sus pies...
Miró su reflejo en una vitrina, se miró directamente a los ojos y finalmente creyó que lo entedía todo: "el tiempo, el tiempo no existe, es una puta ilusión"
martes, 15 de mayo de 2007
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