lunes, 28 de mayo de 2007

La vida le ha jugado antes muchas bromas, pero ninguna tan macabra como esta. Si supiera quién o qué hoy por hoy se ha dispuesto a mover a su antojo los hilos que lo dominan como a una simple marioneta. No hay fuerzas, sólo cansancio y soledad. Lee el rostro de Ana Luisa, esa mirada inquietante de asombro, la pregunta a punto de escaparse de la boca, el espanto de la incertidumbre le hiela los huesos... Entonces, decide actuar, se levanta (un dolor indescriptible le martilla la cabeza) y apuradamente se viste con la seguridad pasmosa del que conoce exactamente el rumbo que debe tomar. Sin mirar atrás, sin escuchar la voz de aquella mujer que lo trajo de nuevo a este lugar: "Camilo! Camilo! ¿Adónde vas! ¿Qué vas a hacer? Camilooooo!...". La voz va siendo ahogada por la distancia mientras baja las escaleras. No puede perder el tiempo, ya ha esperado demasiado para actuar, debe terminar lo que una vez, quizá sin proponérselo, se atrevió a comenzar.

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