domingo, 6 de mayo de 2007

Sus ojos habían descubierto lo que nunca en su vida hubiese imaginado: esos dos cuerpos descubiertos ante su mirada inquisidora, inquietante...como si la existencia misma se hubiera vuelto el infierno, que muchas veces en su niñez le había descrito su madre para incitarlo a comportarse como debía. Sin embargo, no pudo percatarse de que Esteban y Sara no lo observaban, estaban embebidos en su néctar pasional y eso los hacía perderse en la inmensidad de la noche, en la inmesidad de la lluvia...Pronto se recuperó de su estupor y cerró la puerta lentamente, sabía que sus expectativas en cuanto a sus amigos de la infancia ya no existían, tal vez nunca existieron...y así se fue caminando hasta la habitacón que constituía la sala de que aquella casa, tan grande y tan triste...

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