miércoles, 20 de junio de 2007

Sara o Camilo...

Allí estaba el ataúd abierto para los familiares o morbosos que desearan despedirse o ver la mueca de un dios tan mortal comos sus creaciones.

Allí estaba Camilo, escondido detrás de las calas, bello y perfecto como un ángel de eterno mármol.

Esteban acercó su espanto al vidrio de la caja funeraria. Allí estaba ella… maquillada para su última función. El rubor de las mejillas le recordó la excitación sexual, los gritos de Sara mientras la penetraba despacio hasta llegar a la pequeña muerte. Ése era su secreto: él había poseído a sus dos amigas. Súbitamente alzó su mirada… Camilo permanecía quieto. Esteban recordó los pensamientos de la tarde (leer entrada anterior): Camilo era su única esperanza ahora que Ana estaba lejos y Sara muerta. ¿Por qué no?

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