sábado, 2 de junio de 2007

Aquella funesta experiencia lo había marcado para toda su vida. Desde ese entonces, trataba de exprimir los días y las horas, pero desde otro ángulo: ya no con el fuego y las ansias de la juventud. Las prisas y el deseo inmenso de tragarse las sensaciones había dado paso paulatinamente a una tranquilidad meditada en donde aquello que antes fuera primordial, se convirtió en trivial.

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