martes, 5 de junio de 2007
Han pasado algunas horas. Las enfermeras le han diagnosticado una leve mejoría. Quizás sus expectativas vayan a cumplirse. Son las 12:00 a.m. Los doctores y algunos aspirantes universitarios han venido a observarlo. Me siento como un bulto que cualquiera puede manosear, medir, enderezar, acostar de nuevo, sacudir; al menos creen que estoy mejorando. Qué rápido pasa esta muerte, ¿quedé vivo? Son las 03:50 p.m. Aprobaron una corta caminata. No por el parque o la avenida como él deseaba. Una corta, amena y saludable caminata por el pasillo circunscrito entre las altas y malolientes paredes del hospital y el demacrado y deprimente jardín entre enfermos, cancerosos, decrepitud y salvajismo para el ánimo de cualquier ser humano temeroso de la muerte.
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