Ciertamente cansado de aparentar el luto y de masturbase con el porno virtual, una vez cumplidos los nueve días de rigor, nuestro Camilo va en busca de una Silvia, en honor a la "Saint" de su devoción, que le sea querendeona y bien apapachadora. Nada de angustias entre paisajes urbanos, sino una mulata sabrosona que lo pierda en las entrañas del Karimar, que le diga papito y use tangas naranja, tacones blancos y piel de ébano.
Como el destino es chambón y nuestro Camilo un picarón, este cogió un rumbo paralelo, alejándose de la cursi bohemia de San Pedro y enrumbiandose hacia el caribe; se lleva novecientos mil y una puta dominicana del Hotel del Rey, que responde al nombre de Tati; botines que consiguío al ganarle en un sucio juego de cartas a un pobre rufian gringo.
Antes de partir a la estación caribeños "volaron sornaca" el Camilín y la Tati en las sabanas raídas del Hotel Asia. Saciados los lascivos furores, nuestros maladrines tomaron taxi a los caribeños. Mientras Camilo daba la dirección la negra interrumpía gozosa al taxista: "Papi, tu no sabé lo que mama ete chico, tu no sabé..."
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