miércoles, 20 de junio de 2007
Realmente le llamaba la atención aquellos nuevos pensamientos y deseos. Recordó que alguna vez vio un documental sobre los monobos, primates parientes que resuelven sus conflictos sexualmente sin importar el sexo o el parentesco. Este era un asalto del subconsciente, pariente también que emerge de manera sorpresiva y trastorna tu psiquis. De pronto la imagen tenebrosa e irrisoria de Spencer Tracy en su papel del Dr. Jekyll y Mr. Hyde se entremezcló con las pasiones que estaban aflorando y poco a poco se sentía enloquecer. Se preguntaba si Esteban sentía lo mismo. El recuerdo de aquella tarde y de ver aquel hombre bien formado con sus manos en el pecho le hizo dudar y prefirió mantenerse alejado simplemente observando las reacciones de todos los que se encontraban despidiéndose. Nadie le daba derecho pero él sabía a quienes realmente les importaba y a quienes no. No pretendía jugar de juez pero los rostros tristes, los comentarios sobre lo tempestivo de la muerte era material suficiente para crear muchos poemas visuales.
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