jueves, 7 de junio de 2007

Como una cicatriz que con el tiempo y con la esperanza se ve menos fea (y alguna hasta hermosa), simplemente se acostumbra a verla como parte de la propia existencia o como un recuerdo de lo que tal vez se evitaría en el futuro. Sara era para Esteban eso, una señal permanente de lo que debía evitar pero no podía hacerlo, porque estaba muy dentro de él como para removerla.
¡Oh, la esperanza!, dulce palabra para el que no encuentra respuesta a sus incógnitas o a sus problemas, ¿qué era Sara, una incógnita o un problema?, probablemente nunca lo sabría y no interesaba hacerlo. Lo importante era poder descrifrar el enigma de su vida, el laberinto en el que se había visto envuelto, como transportado en el tiempo y en el espacio hacia un mundo desconocido, hacia la esfera de lo probable y lo improbable...

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