domingo, 29 de abril de 2007

Pero la quietud es engañosa, la vida es engañosa y miró como ante esos ojos (que tanto amor habían guardado para ella desde los días de la infancia), se disolvía toda expectativa y se apagaba toda esperanza. Miró el reloj, miró a la niña de la mesa de al lado deleitándose con su helado favorito, miró hacia la ventana (estaba a punto de llover), pero no pudo detenerse a mirarla fijamente una vez más.
La despedida frente a la Facultad de Medicina no era esta vez una simple norma de cortesía sino un rito, un duelo. Podría decirse una sensación de vacío y de sinsentido existencial lo arrastró con una fuerza desbordante. "-Qué ironía!-pensó- A veces la vida no merece llamarse vida. A veces la existencia se encarga de inyectarte, como una droga maldita, una gran dosis de dolor."
Entonces, decidió ir de manera directa y precisa hacia algún lugar que aún no conociera y que le ayudara a olvidar el oficio de estar vivo.Caminaba solo por la ciudad sin determinar las calles, los autos, la gente que, como la marea, va y viene...

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