El tiempo los había separado y el mismo tiempo, curvo, se había encangado de reunirlos... cada uno vivía su momento y sin embargo cada uno era consciente de que estaban experimentando, a pesar del tiempo, a pesar de la distancia, los mismos sentimientos.
Eran individuos diferentes a los que fueron tiempo atrás, en una infancia de juegos, de felicidad, de certeza emocional. Ahora, esos mismos niños, habían crecido y habían agregado a su vida una pizca de incertidumbre, de frustración.
Porque se habían llegado a conocer bien, tan bien como conocían los vericuetos del barrio, compartían una complicidad que les permitía ver en esos completos extraños a los amigos entrañables de hacía tantos años y aunque se hubieran separado hace tanto tiempo, cada uno había evolucionado en la misma dirección.
La separción inició una mañana de noviembre cuando Sara les comunicó que por una pelea de sus padres su madre había decidido abandonar su hogar. Se llevaba a Sara y a Edmundo, el gato que cazaba lagartigas en el jardín de doña Teo...
lunes, 23 de abril de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario