La imagen de la mujer se perforó en su mente y en su ser. No sabía por qué. No entendía el por qué de tanta fuerza en esa imagen. Con la manga de su sudadera limpió la grasa del vidrio del bus para lograr que su mirada perforara más aquella imagen tan conmovedora. La mujer respiraba cada vez más lento, su mirada en blanco, su sangre derramada fuera de su ser. Su dolor tan intenso hacia que su alma rebotara en su pecho contra el asfalto caliente. De pronto la mujer volteó su cabeza y sus ojos lo miraron directamente y fue entonces cuando entendio que había sido lo que lo cautivó. Esa mujer era ese pasajero mirando en el bus.
lunes, 13 de abril de 2009
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